03.05.2009 -
Eugenio Campanario Larguero| Villagarcía de la Torre
Decía el himno de Falange que «traerán prendidas cinco rosas: las flechas de mi haz». Al señor Cayo Lara le parecen pocas y no ha tenido mejor ocurrencia, al comentar la marcha de Rosa Aguilar desde Córdoba a una Consejería en la Junta de Andalucía, que decir que llegarán a su coalición «miles de rosas y claveles». Que no decaiga el ánimo. Porque la otra noche, en un programa televisivo, lo vimos acartonado, con respuestas que parecían leídas de un manual. Y entre ellas, un ataque en toda regla, en nombre de un laicismo militante, a la Iglesia y sus expresiones. Creo que el señor Cayo Lara ha dejado huérfanos de esperanzas a algunos cristianos que, desasosegados ante la situación que vivimos, podían mirar a su coalición con la esperanza de que el ejemplo de honradez de tantos militantes de base, comunistas unos y otros no, en su puesto de concejal o alcalde, podía elevarse a categoría en el nivel autonómico o estatal y dar un impulso a una política más justa y humana, que atacase la raíz capitalista, productora de tanto dolor y tanta precariedad y oscuridad en la historia de la humanidad. Pero si esto se propone hacerlo el señor Cayo Lara con una postura de rechazo a la Iglesia, a la que por otra parte no deja de mirarse para que siga ejerciendo su papel de samaritana en estos tiempos crudos que vivimos, pero atacándola cuando acompaña esa acción con la palabra y predica lo que le parece que debe predicar, al tiempo que se pretende limitar sus medios económicos y su presencia social. no creo que vaya a sumar votos precisamente. Al menos algunos muy concretos. No obstante, lo dicho, que no decaiga el ánimo. Marchemos francamente, y el coordinador de izquierda unida el primero, hasta la debacle final. Siempre se le podrá echar la culpa al tsunami electoral.