“Toda la venta era llantos, voces, gritos, confusiones, temores, sobresaltos, desgracias, cuchilladas, mojicones, palos, coces y efusión de sangre”. Es del Quijote, pero bien podría ser una descripción de nuestro panorama político- social. En la venta que don Quijote estimaba castillo, coinciden gentes variopintas y acaban a palos: todos contra todos… mientras los problemas crecen: los inmigrantes, o se resignan a hacer las maletas y volver a su país; o se resignan a pelear con los españoles por puestos de trabajo que éstos antes despreciaron. Crece la lista de parados, crece la desprotección. El sistema está en crisis, en franca agonía: no bastan las tiritas del principio (“desaceleración”), ni las inyecciones (“abre la boca que te la llene de millones”, dijeron a los bancos). No van a bastar algunas amputaciones ( EREs, reducciones de plantillas…). En el Quijote, sólo él veía un castillo donde había una venta. Nosotros seguimos maravillados con el espejismo del capitalismo, a pesar de las tortas que nos llueven de todas partes. ¿ Por qué no afrontamos de una vez que hemos cerrado una etapa de la historia y ha de comenzar otra? Habrá que caer los cimientos del capitalismo y levantar un edificio nuevo, donde quepamos todos sin necesidad de pisarnos, como ahora. Cimientos más sólidos, desde la humanidad auténtica, desde el valor de la persona. Ah, no. Ésa no es la solución de los que siguen enseñándonos las estancias magníficas del castillo a las que deberíamos renunciar por esa incierta casa nueva. Su receta es la transfusión de sangre: sangre fresca, dinero fresco, sin cesar para los bancos, para las grandes empresas que se quejan de la gota, del reuma, de…Y mientras, todos contra todos. A ver si a Penélope Cruz le dan el Óscar y al menos tenemos una Dulcinea para los días amargos que vendrán. Desde luego, somos y seremos siempre caballeros españoles de la Triste Figura.